

CERRAR UN CAPÍTULO
Por Julio María Sanguinetti
La ya larga historia de las secuencias de la violencia política vive ahora otra etapa. Comenzada en 1963 - nunca hay que olvidar cómo empezó todo este horror- por un grupo de mesiánicos que quiso voltear la democracia en nombre de una revolución marxista, sacó las Fuerzas Armadas a la calle, que luego de sentirse vencedoras en la confrontación dieron un golpe de Estado contra lo que consideraban democracia débil y política corrupta. Aquel grupo guerrillero robó, secuestró y mató; la fuerza militar, cuya acción represiva comenzó legítima se excedió y llego a la tortura y la muerte.
11 años de dictadura costó la aventura. De ella se salió con una vigorosa restauración democrática, que incluyó una doble amnistía generosa: primero para los guerrilleros, luego para los militares. Impugnada ésta, el pueblo ratificó la ley de caducidad en un histórico plebiscito.
A partir de allí vinieron 5 años de silencio. Nadie más habló del tema, que parecía definitivamente saldado. Luego comenzó el reclamo por conocer la verdad, ya que juicios no habría. Los militares siguieron cerrados en su negativa a informar. Reaccionaban herméticamente cada vez que se tocó el tema. En el segundo gobierno del Dr. Sanguinetti, un honroso decreto que devolvía la condición militar a los amigos del General Seregni produjo tal conmoción que hasta renunció el Comandante en Jefe de la época Tte. Gral. Mermot. En el gobierno del Dr. Jorge Batlle se abrió la investigación de la Comisión para la Paz. Determinó que los desaparecidos eran 26, averiguó el destino final de muchos de ellos y se dio otro paso.
En este gobierno se produjo un nuevo intento. El gobierno dijo que quería avanzar en el conocimiento de la verdad, entregar los restos que se pudieran encontrar y sólo juzgar dos casos: el de la Sra. María Claudia García, ocurrido – recién últimamente se supo- en Montevideo, y el asesinato de Michelini y Gutiérrez Ruiz, perpetrado en Buenos Aires, en el que se está acusando al Presidente y al Canciller de la época. Obviamente se está fuera de la ley, pues no hay ninguna razón para establecer que el asesinato de la Sra. García es distinto a los otros; tampoco se advierte el sentido del otro juicio, encañonado sobre “civiles” como si éstos pudieran ser juzgados y los militares no, cuando lo que ocurrió fue una amnistía que extinguió los delitos mismos y si no hay delito no hay responsable, sea quien sea. Lo que parece claro a esta altura es que acotado así el tema, los Comandantes militares decidieron colaborar en la información y han brindado información sobre los enterramientos de víctimas de la dictadura. Expresamente se dijo que “no se darán nombres”. El Presidente de la República, a su vez, expresó que pretende “a través de esta etapa, dilucidar, cerrar, terminar con esa herida que tiene la sociedad uruguaya y que todos los uruguayos queremos finalmente superar”.
Encontrar los restos es un hecho plausible y positivo. Tiene un valor humano indiscutible y es una contribución que los mandos militares actuales hacen, en el afán de terminar con el acoso a que vienen sometidos desde hace años.
La gente se pregunta porqué lo hacen ahora y no lo hicieron antes. Por la sencilla razón de que el tiempo ha operado. No es el mismo clima, no son los mismos hombres. Hay fatiga del tema. Y se informa hoy lo que antes se negó, en el entendido de que no habrá juicios ni militares presos por la represión, salvo, eventualmente, en un caso que se toma como simbólico.
La pregunta es la de siempre: ¿se logrará el propósito? Todos lo deseamos, aunque nos permitimos dudarlo. Hay quienes exhiben el propósito de desbordar la ley ,intentan juzgar y castigar culpables y ya anuncian que para ellos nunca terminará el tema. En cualquier caso, seguramente serán menos que los que hoy reclaman y así se habrá dado otro paso para terminar esta dolorosa etapa. Pero nunca hay que olvidar dos señalamientos fundamentales: el primero, que todo esto es el resultado del mesianismo de quienes , en nombre de la revolución, lanzaron el país a la violencia política hace 40 años; la segunda y fundamental es que si hoy se puede discutir el tema con tranquilidad, es porque a partir de 1985 se reconquistó plenamente la democracia, se pacificó de verdad el país y no hubo más sublevaciones, ni motines, ni muertos ni heridos. La paz en definitiva es la mayor expresión de justicia para terminar con una guerra.
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Político. Periodista. Ensayista. Conferencista.
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