DEBERÍAN CALLAR

Por Julio María Sanguinetti

 

Días pasados, el Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos Curtis Struble dijo que los EE.UU. no tendrían problema alguno con un eventual triunfo del Dr. Vázquez en las elecciones, añadiendo que es “un hombre serio y estudioso que ha estado reflexionando mucho en las conversaciones que tuvo aquí y no reaccionó en base a puntos de vista previos, sino ante el contenido de las charlas que tuvo”.

 

Naturalmente, el funcionario norteamericano demuestra una particular ingenuidad o desinformación, tanta que -pocos días después- el Dr. Vázquez asumió la más antipatriótica de las actitudes: gritar que el país estaba en quiebra y no podría pagar una refinanciación en el mismo instante en que sus autoridades comenzaban una difícil negociación de canje de deuda externa. 

 

Más allá de la opinión que pueda merecer lo dicho, el tema a nuestro juicio es que un Subsecretario de Estado no debe opinar de política interna, ni evaluar a los posibles candidatos. Ante cualquier pregunta al respecto, les bastará decir que ellos no deben opinar en asuntos de la política interna y mucho menos electoral.

 

Es obvio, groseramente obvio, que los periodistas tratarán de sonsacar a los funcionarios norteamericanos en temas de esa índole. Y ellos deben asumir que sus respuestas, cualesquiera que sean, producen reacciones. Si un jerarca de la gran potencia mundial dijera que verían con preocupación una victoria electoral de un candidato, estarían produciendo, con toda legitimidad, una reacción airada de sus partidarios; si esa opinión es favorable y hasta admirativa, podría producirle en sus adversarios. A veces hasta puede haber un sesgo inesperado, como el que plantea el Dr. Sienra Roosen en su último  artículo de “El País”, cuando dice que muchos partidarios del Frente Amplio no se sentirán felices con la idea de que su líder esté amoldando su criterio a lo que vió y escuchó en los EE.UU. La cuestión entonces es clara como el agua:  de temas políticas internas no deben opinar los diplomáticos.

 

Cualquier diplomático es legítimo que defienda la política de su país, en todos los terrenos. También es legítimo que hable de lo que son los relacionamientos con el país en que están acreditados y expliquen y valoren los programas de cooperación o aún cuestionamientos que pudieran tener. Lo que ningún funcionario puede hacer es opinar sobre los candidatos. Decir que no hay problemas con uno de ellos es asumir el derecho a, mañana, afirmar lo contrario y esto es inaceptable.

 

En otros países de América Latina los diplomáticos norteamericanos se han acostumbrado a hablar más de lo que deben. Han de saber que aquí no es así, que nos atenemos a la estricta ortodoxia diplomática y que en consecuencia miramos mal esos pronunciamientos, profundamente dañinos para las relaciones entre ambos países.
 

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Político. Periodista. Ensayista. Conferencista.

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