

Proyecto Habemus
Por Julio María Sanguinetti
El proyecto de “ley de medios audiovisuales”, más allá del cuidadoso análisis que los especialistas deberán llevar a cabo, a primera vista presenta varios elementos que resultan harto debatibles, por decir lo menos. Entre otras cosas porque -contrariamente a lo que se ha señalado- sí se introduce en el tema de los contenidos.
Finalmente el gobierno envió su proyecto de “ley de medios”. El mismo que el Presidente dijo que no debía nacer, porque “la mejor ley de medios es la que no existe”. El mismo que luego afirmó que tiraría a la papelera y ahora dice que, como se desató una gran tormenta mediática, hay que dar una vuelta de carnero y hacer lo que no se debía hacer…
Son 183 artículos que, naturalmente, habrá que analizar con cuidado y es imposible juzgar sin una información pormenorizada que esperemos aparezca en el trámite parlamentario.
A cuenta de mayores desarrollos, a primera vista queda claro que no es verdad que la ley no pretende introducirse en los “contenidos” cuando, en realidad, impone que 60% de la programación de televisión sea nacional y, dentro de ésta, un 30% sea de producción independiente. Ese es justamente el contenido. La realidad hoy dice que ningún canal está lejos de esos porcentajes. Lo malo es que se impongan por ley, cualquiera sea su calidad. En general, en el mundo, estas imposiciones sólo han empobrecido el nivel de la comunicación mediática. Cuando el producto es bueno, en todas partes se prefiere lo nacional; lo malo es cuando hay que soportar aburrideras como las que hoy mismo pueblan los canales oficiales.
En la parte informativa, aparecen numerosas prohibiciones con criterios de no sencilla interpretación. Por ejemplo, no se puede “aprovechar la inexperiencia de los menores con publicidades que inciten a la compra”. Tampoco se podría “animar a los niños a que persuadan a sus padres o terceros para que compren productos o servicios publicitados”. En el terreno delictivo, son también fuertes las prohibiciones informativas que, en el caso de los delitos cometidos por menores, es casi total.
Por otro lado, se reitera el límite temporal del otorgamiento de ondas radiales o canales de televisión. Siempre se consideró que esos otorgamientos no tenían límites porque de otro modo se limita de un modo fuerte la calidad del servicio. ¿En 10 años se amortiza la inversión? Da para discutir.
En otro orden, aparecen muchas restricciones. No hay un espíritu abierto de competencia. Las empresas telefónicas no podrán proveer televisión. Las de cables no pueden hacerlo con Internet. Son muchas y cruzadas las prohibiciones. ¿Esto es bueno? ¿Es “democratizar” o es empobrecer cuando la tecnología hoy permite acumular servicios en una sola herramienta? Los servicios de transmisión de datos siempre se consideraron libres; ahora se limitan también. Por supuesto, hay que evitar los monopolios y asegurar la competencia, pero justamente nada sirve más al propósito que tener a todos compitiendo contra todos en la mayoría de los terrenos.
Habrá que observar con detenimiento y escuchar las voces de quienes conocen el tema. Desde ya que hay muchísimos intereses y todos ellos son legítimos en la medida en que respeten las normas generales y se asegure que hay competencia. Lo que no hay que olvidar es que se trata de regular la libertad de expresión del pensamiento y que éste es el derecho que garantiza todos los demás. Por eso, en los regímenes totalitarios -como Cuba- solo el Estado posee los medios y en los autoritarios -como Venezuela- se agrede a los privados hasta que quedan en manos del Estado o de allegados al gobierno.
Por ahora, lo más preocupante son los discursos. Porque ese retintín de que se va a “democratizar” el sistema o de que “terminan los monopolios” es falso y demagógico. Más radios y canales que en Uruguay es difícil de encontrar en cualquier país. Y en proporción a nuestra población, debemos ser el máximo de la diversidad. ¿Cuál es entonces el monopolio a quebrar? ¿En qué se va a democratizar?
Confiemos en que la aplanadora de la mayoría absoluta del oficialismo no haga de este tema otro emblema e imponga abusivamente este texto tal cual fue presentado, o alguno peor que puedan pergeñar legisladores llenos de prejuicios, que usan y abusan del espacio que les regalan, pero que hablan como si alguien les limitara en su accionar público.
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Político. Periodista. Ensayista. Conferencista.
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